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Tú y tus problemas.

¿Tienes problemas? ¿Hay áreas de tu vida que no funcionan bien? ¿Tus problemas acaban desbordándote?

Hay personas que entienden que todos sus problemas tienen su origen en el resto de seres humanos, en la vida, en el mundo. Viven mal, se sienten totalmente desamparados y sin posibilidades de sobrevivir,“todo el mundo los persigue”.

Hay otros que piensan que ellos tienen la culpa de todo, sus pocos recursos intelectuales, su mala situación económica, la debilidad de las relaciones que mantienen, son consecuencia de su escasa valía, de sus pocas luces para superarse.

 

Ambos grupos de individuos viven muy mal sus dificultades, consideran que son desgracias, adversidades, fatalidades y que no existen, ni ellos tienen, métodos para superarlas.

La desgracia es hija de la fortuna y  del destino, es incontrolable, sucede sin motivo y no hay forma de combatirla.

Al contrario el problema es una cuestión que hay que aclarar, es una dificultad que precisa una solución.

La diferencia entre desgracia y problema es abismal, éste último se puede solventar, mientras que la desgracia no tiene remedio.

Conocer los problemas.

Puedes tener dificultades para diferenciar los problemas de las adversidades. Así que poseer una serie de indicadores, para saber a qué realidad te enfrentas, te puede ser útil.

1.- ¿Eres la única persona que se enfrenta a este inconveniente? ¿Estás seguro que no hay, ni ha habido nadie más en el mundo,  que se haya tenido que enfrentar a estas circunstancias?

2.- ¿Ninguno de los afectados ha encontrado una solución? ¿Conoces cómo han solventado esta situación?

3.- ¿Existen profesionales que prestan sus servicios para ayudar a los demás a generar soluciones? ¿No hay psicólogos, psiquiatras, orientadores, pedagogos, formadores, coaches,  que te puedan ayudar?

4.- ¿Puedes dar cinco motivos objetivos que avalen que lo que te sucede es una desgracia?

Armado con estas cuestiones debes ser capaz de dimensionar objetivamente, el calado y alcance del asunto que te preocupa.

Resolver problemas

Dominar el arte de solucionar problemas es un factor esencial para mejorar la calidad de vida.

A nivel práctico podemos señalar los siguientes pasos para encontrar soluciones:

1.- Definir el problema. Es imposible obtener la solución de lo que no se conoce, de ahí que la fase de definición del problema es esencial. Se trata de llegar a diferenciar el motivo de nuestra preocupación del resto de realidades existentes.

La definición del problema requiere llegar a su raíz, a exponer lo más íntimo de su naturaleza. Así que en la fase de definición interesa evitar los aspectos emocionales, los elementos asociados que puedan existir. Hemos de decir con palabras sencillas en qué consiste el inconveniente y dar el mayor número posible de detalles, no hay que generalizar.

Ejemplo: no vale afirmar “me sienta mal la comida”, sino que hay que concretar “cuando como garbanzos mi digestión es muy pesada”.

2.- Formular estrategias de solución. Dicen que la única forma de comerse un elefante es a trocitos. Así que, en la medida de lo posible, la primera estrategia para afrontar un problema es partirlo en trozos,  que sean más fáciles de resolver.

La siguiente fase es generar planes alternativos de soluciones. De esta manera si el plan A no da buenos resultados podremos pasar al resto.

Para ello hay que formular todas las opciones que se te ocurran, de momento no las evalúes, no mires si son muy o muy poco adecuadas, simplemente escríbelas.

Si no encuentras ninguna es el momento de buscar ayuda, la necesitas.

3.- Ejecución del plan.  Pon en práctica uno de los planes que escribiste, llévalo a cabo tal y como lo tienes diseñado.

4.- Análisis de resultados. Esta fase es una de las más importantes, que mucha gente no ejecuta. El análisis debe centrarse en comparar los resultados obtenidos sobre los proyectados. Hay que considerar también si el problema está totalmente resuelto, si lo está perfecto, si no es así, vuelve al apartado dos, al de las estrategias, escoge otro plan y aplícalo.

No es aceptable que sigas pensando que todo lo que te sucede son desgracias. Tienes, igual que todos, dificultades, pero ya conoces el método para solventarlas. Es posible que no hubieras aprendido a identificar y solucionar problemas, pero eso ya lo has superado.

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