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El turrón de Doña Pepa, el manjar limeño

En el Mes Morado de Octubre, que es famosa por la Procesión del Señor de Los Milagros, hay un dulce que se vende como pan caliente. Nos referimos al Turrón de Doña Pepa y cuya historia nos remonta a la época colonial.

La tradición de este dulce limeño comienza con la llegada a Lima, para asistir a la procesión, de una fina dama morena, una verdadera flor de la canela, llamada Josefa Marmanillo, esclava en el valle de Cañete.

Doña “Pepa” venía a visitar al Señor de los Milagros, y tenía que agradecerle, porque le había curado su cuerpo y su alma, por lo tanto era una cuestión de honor y eso sí es sagrado entre los negros.

Cuando llegó a las cercanías del barrio de Pachacamilla le llamó su atención unas coloridas mixtureras llevando sobre sus cabezas grandes azafates de flores y primorosas frutas de mazapán, membrillos acaramelados y pastillas de canela y azúcar, más allá estaban las sahumadoras y cantiras que caminaban durante todo el recorrido de la procesión y en las calles aledañas ofrecían con alegres gritos los platos de Lima.

Josefa, absorta, deslumbrada, se vio envuelta en ese torbellino de sensaciones, aromas y sabores y una explosión de fe en su interior le indicó claramente como tenía que agradecer al Señor. Nada menos que elaborando un turrón que le ofreció al Señor, con fe, con amor, con agradecimiento, multicolor, suave, criollo.

Entonces,  Josefa se propuso venir todos los años a ofrecer su dulce en la Fiesta del Señor de los Milagros, luego fue su hija y la hija de ésta y así sucesivamente, hasta nuestros días, en que el Turrón de Doña Pepa, preside, desde hace trescientos años, las expresiones gastronómicas de la muy devota Procesión del Señor de Los Milagros.

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