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Ancash y sus playas

La diversidad de paisajes y restos arqueológicos en la costa de Ancash es tan sorprendente como desconocida. Un viaje a pocas horas de Lima es suficiente para vivir cambios radicales en el clima, en los acentos y culturas. En el  kilómetro 347 de la Panamericana Norte se halla Gramita, una playa de mar abierto, de arena blanca, fina y tranquila, especial para acampar.

Contigua a esta playa y de cara al mar se encuentran los restos de los pescadores y recolectores más antiguos de América, pertenecientes al complejo arqueológico Las Aldas, de 5 mil años de historia, nada menos las que está rodeada de Pedregal, Hueso de Ballena, Catalina, Playa Mansa, Los Litros, Lobos, El Guanito, Piedra Gorda, La Red, La Cruz y El Ciño, y continúa un rosario conformado de playas vírgenes.

Igualmente atrayente es El Huaro, que es un istmo, es decir una pequeña lengua de tierra que une a una península con el continente. Pero lo extraordinario del asunto es que cuando sube la marea, el mar interrumpe esta conexión y El Huaro se transforma en una isla. Una maravilla sin parangón en la costa peruana. Y con colonias de lobos, delfines, y una multitud de aves que hacen de este paraje algo, realmente, pero realmente especial.

De igual forma, un viaje por Sechín, a tiro de piedra de Casma, y mágicamente envuelto por un bosque de algarrobales y una historia de 3500 años de historia y 400 enormes piedras finamente labradas, que cuentan relatos sangrientos. .

Y a 14 Km. de la carretera que conduce a Huaraz, en Pampa Colorada, se delinea un geoglifo que representa a un guerrero de 23 metros de largo, que sostiene en su mano izquierda un aditamento circular y en la derecha lleva un bastón, mientras un felino asoma por detrás abriendo sus garras con salvaje apetito.

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