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Accidentes en mi calle

Vivo en una avenida amplia, dos carriles para cada sentido, un cruce con buena visibilidad y regulado por semáforo.

En un año de residencia ya he visto tres tortazos:

El primero fue normalito, dos coches se la dieron porque uno de ellos se saltó el semáforo, por la tarde. Algunos faros rotos e intercambio de papeles. Bueno, el típico despiste: “ah, voy por ciudad y aquí no me puede pasar nada”.

El segundo se debió probablemente a la cercanía de una zona de copas. De madrugada, un individuo giró en el cruce tan deprisa que se montó en la acera, perdió el control y se estampó contra una farola, a la cual tumbó. El hombre bien, pero la farola la retiraron y han dejado un mojón de cemento en su lugar, curiosa reparación. El coche, que tenía aspecto de ser nuevecito, deportivo para variar, destrozado y yo creo que siniestro total. Causas probables: exceso de velocidad absurdo y copas de más, tal vez.

El tercero ha sido hoy, han caido cuatro gotas y como es habitual se han ido todas las luces en la ciudad. Y con el corte eléctrico, los semáforos. El suministro ha vuelto pronto, pero los semáforos han seguido apagados. Unos chavales en scooter se han metido el piño, flojo por suerte. Cinco adolescentes y sólo dos motos. Cascos, ninguno, para variar.

Aparte de estos sucesos cercanos, una noche hace un mes, paseaba en pleno centro, donde las calles son estrechísimas, y en un cruce se la pegaron dos coches. Los airbags saltaron, una mujer en un coche y un hombre en el otro conmocionados. Los allí presentes tuvimos que quitar los contactos y sacar deprisa y corriendo a ambos porque de uno de los coches salía humo y de ambos salía líquido, que tal vez fuera del aire acondicionado, pero acojonaba bastante.

En una ciudad de 50.000 habitantes en la cual el tráfico – salvo los atascos mañaneros debido a las obras preelectorales – es rídiculo, tales hechos en un sólo año me parecen excesivos, sin contar con los otros accidentes indicados en los periódicos que no he visto. En Madrid hasta se asumiría como normal ver tantos piños directamente, pero allí en 4 años solo vi dos accidentes de forma directa.

Es curioso, existen todas las ventajas para no tener accidentes: recorridos cortos en los que no hay necesidad de correr, la gente vive con más calma que en una gran ciudad donde se premia el stress y las prisas, poco tráfico, avenidas grandes en la parte nueva de la ciudad… y sin embargo es donde las precauciones se relajan más, los moteros pasan absolutamente de llevar el casco, la gente no atiende a los semáforos, los peatones cruzan como les parece…

En fin.

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